
Cuando días atrás las autoridades fiscales y policiales ofrecieron una rueda de prensa para ofrecer amplios detalles sobre el atentado al joven abogado y comunicador Jordi Veras, que si bien salvó la vida perdió la visión de un ojo, así como el apresamiento de los responsables material y del autor intelectual que contrató sus servicios para ejecutar el crimen, se pensó que el caso podía considerarse, al menos desde el punto de vista investigativo, como un expediente cerrado. Que solo quedaba pendiente remitir los acusados a la Justicia acompañado e instrumentar el expediente acusatorio con el necesario cúmulo de pruebas con valor jurídico.’
No era así. El doctor Ramón Antonio Veras, padre de Jordi y experimentado abogado con largos años de ejercicio al expresar su reconocimiento a las autoridades policiales y fiscales que investigaron el hecho y su satisfacción por la forma en que había sido conducido, dentro de las más estrictas y normas de discreción recomendables en estos casos, aseguró que todavía hay más involucrados en la conspiración asesina.
Esta versión resulta avalada por la solicitud de la fiscal de Santiago, Jenny Berenice, solicitando que el caso fuese declarado complejo, petición que fue acogida por la Jueza que conoce el expediente, con lo cual éste sigue abierto a nuevas investigaciones.
Pero ahora el caso adquiere otra vertiente adicional. Es la amarga queja del doctor Veras de que se ha montado una campaña de desinformación destinada a crear confusión en torno a las causas que motivaron el atentado. Al mismo, según el letrado, se le quiere dar una connotación de carácter sentimental. En ese sentido, asegura que elementos a los cuales no identifica, han financiado dicha campaña para lo cual han entregado 950 mil pesos a algunos medios de comunicación de Santiago y una emisora de la ciudad capital, a cuyo propietario, aunque no lo menciona y a miembros de su familia ha prestado servicios legales.
En dias recientes, precisamente el muy respetado Arzobispo de Santiago, monseñor de la Rosa y Carpio, en una charla que pronunció enfocando el tema del ejercicio ético de la comunicación, citó la existencia de los que calificó como sicarios morales, dedicados a arrojar lodo de manera indiscriminada, caprichosa y potencialmente punible contra la moral de personas o el prestigio de instituciones.
De ser cierto, como denuncia el doctor Veras, que elementos interesados en manchar la reputación de su hijo han destinado casi un millón de pesos para desarrollar una campaña en ese sentido, estaríamos en presencia de esos casos mencionados por monseñor de la Rosa y Carpio. De una verdadera contratación de sicarios con la finalidad de tratar de desacreditar a quien frustrado el intento de asesinato físico, se pretendería ahora hacer víctima de un asesinato moral.
Esa sucia tarea pagada de descrédito, que pudiera tener como objetivo adicional desviar la atención y el curso de las investigaciones hacia un nuevo escenario, tiene que ser también objeto de indagatoria por parte de las autoridades hasta ser despejado en todas sus motivaciones, complicidades y oscuros designios al tiempo que del rechazo más vigoroso por parte de la ciudadanía. Quienes se dedican a ese tipo de sucio trabajo por paga no merecen llamarse periodistas ni deben ser considerados como tales.
De paso, aclarar que inclusive el hecho de que atentado contra Jordi Veras tuviera otras motivaciones distintas a los deseos de venganza de quien, desde la prisión ordenó, contrató y pagó por su muerte, la naturaleza del hecho criminal sigue siendo la misma tanto como la sanción penal y la condena social de aplicación a quienes se constituyeron en asociación de malhechores para su comisión.
Que quede claro y de esperar que las investigaciones del caso, tanto el intento de asesinato físico como moral, no dejen incógnitas ni cabos sueltos.
No era así. El doctor Ramón Antonio Veras, padre de Jordi y experimentado abogado con largos años de ejercicio al expresar su reconocimiento a las autoridades policiales y fiscales que investigaron el hecho y su satisfacción por la forma en que había sido conducido, dentro de las más estrictas y normas de discreción recomendables en estos casos, aseguró que todavía hay más involucrados en la conspiración asesina.
Esta versión resulta avalada por la solicitud de la fiscal de Santiago, Jenny Berenice, solicitando que el caso fuese declarado complejo, petición que fue acogida por la Jueza que conoce el expediente, con lo cual éste sigue abierto a nuevas investigaciones.
Pero ahora el caso adquiere otra vertiente adicional. Es la amarga queja del doctor Veras de que se ha montado una campaña de desinformación destinada a crear confusión en torno a las causas que motivaron el atentado. Al mismo, según el letrado, se le quiere dar una connotación de carácter sentimental. En ese sentido, asegura que elementos a los cuales no identifica, han financiado dicha campaña para lo cual han entregado 950 mil pesos a algunos medios de comunicación de Santiago y una emisora de la ciudad capital, a cuyo propietario, aunque no lo menciona y a miembros de su familia ha prestado servicios legales.
En dias recientes, precisamente el muy respetado Arzobispo de Santiago, monseñor de la Rosa y Carpio, en una charla que pronunció enfocando el tema del ejercicio ético de la comunicación, citó la existencia de los que calificó como sicarios morales, dedicados a arrojar lodo de manera indiscriminada, caprichosa y potencialmente punible contra la moral de personas o el prestigio de instituciones.
De ser cierto, como denuncia el doctor Veras, que elementos interesados en manchar la reputación de su hijo han destinado casi un millón de pesos para desarrollar una campaña en ese sentido, estaríamos en presencia de esos casos mencionados por monseñor de la Rosa y Carpio. De una verdadera contratación de sicarios con la finalidad de tratar de desacreditar a quien frustrado el intento de asesinato físico, se pretendería ahora hacer víctima de un asesinato moral.
Esa sucia tarea pagada de descrédito, que pudiera tener como objetivo adicional desviar la atención y el curso de las investigaciones hacia un nuevo escenario, tiene que ser también objeto de indagatoria por parte de las autoridades hasta ser despejado en todas sus motivaciones, complicidades y oscuros designios al tiempo que del rechazo más vigoroso por parte de la ciudadanía. Quienes se dedican a ese tipo de sucio trabajo por paga no merecen llamarse periodistas ni deben ser considerados como tales.
De paso, aclarar que inclusive el hecho de que atentado contra Jordi Veras tuviera otras motivaciones distintas a los deseos de venganza de quien, desde la prisión ordenó, contrató y pagó por su muerte, la naturaleza del hecho criminal sigue siendo la misma tanto como la sanción penal y la condena social de aplicación a quienes se constituyeron en asociación de malhechores para su comisión.
Que quede claro y de esperar que las investigaciones del caso, tanto el intento de asesinato físico como moral, no dejen incógnitas ni cabos sueltos.
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